Esta mañana, en el patio del colegio, he
chocado con una niña de la clase de los más mayores. Iba corriendo y, al
sobrepasar la esquina del edificio, me topé con ella de sopetón. Por un momento
y desde el suelo, no sabía dónde me encontraba. La niña también estaba en el
suelo, aturdida.
No sabía si saludarle o decirle algo, así
que no dije nada, me levanté como pude y me fui. Confiaba en que mis amigos no
hubieran visto el suceso; nada podía ser más triste que un niño humillado por
una niña.
Desde ese momento, Jaime el mayor sabe que
no se puede cruzar una esquina corriendo, pues te puedes chocar con una gorda.
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