Día decimosexto o el encendedor

Hoy hemos estado en casa de Alberto y hemos jugado con su hija Laura. Laura tiene un pelo muy largo y liso y los ojos muy grandes. Es más mayor que yo, pero no sé, creo que me gusta. También sonríe mucho.
Nos aburríamos y decidieron, Laura y mi hermana, que me vestirían de niña. Así que me pusieron ropas de Laura y me pintaron la cara con cosas de la madre de Laura.
Me gustó mucho tener la cara de Laura muy cerca cuando me pintaba los labios.
Se ve que al final la cosa hizo gracia y los papás me hicieron fotos y todo.
Después oí que Alberto le explicaba a mi padre algo sobre una caja de cerillas especial y una patente. Por lo visto, había inventado una caja de cerillas que no dejaba la cerilla suelta o algo así. El caso es que le decía que le habían propuesto una cantidad para comprarle la patente pero que él lo rechazó, que podía ganar mucho más con el invento.

Un día Jaime el mayor me dijo que la cagó –según sus palabras- porque al poco se popularizó el encendedor a gas y lo de las cerillas ya no interesaba tanto.


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