A la salida del cole, esperando a los papás,
hemos estado jugando con las cazadoras. Hemos hecho una guerra de cazadoras. Al
final la cosa ha terminado mal porque aticé a Andrés con tan mala fortuna que
le di con la cremallera. El pobrecito lloraba y se ponía la mano en la cabeza.
Le animé quitándole importancia a su herida y se la examiné. La verdad es que tenía un buen agujero. Miré a través
de él y le vi la cabeza por dentro. Se veían las paredes de su cráneo rosadas
surcadas por finas venas.
A mi no me pareció raro pero Jaime el mayor
me dijo que eso era imposible, o que lo había soñado o que Andrés era un zombi.
La verdad es que mi amigo es muy raro. Es
muy delgado y muy blanco de piel. Se ríe poco y no corre con nosotros.
Tal vez sea un zombi.
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